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Gonzalo Costa lo llamaron sus padres hace casi 38 años cuando nació en Córdoba capital. A los 18, instalado en Buenos Aires, fue rebautizada como “La Costa” por sus compañeras transformistas del teatro under porteño. Y en la radio, Santiago del Moro y su equipo de “La 100 FM” la apodaron “La contadora” por su sensibilidad para relatar historias de vida. Pero hay una palabra por la que trabaja día a día para ser recordada: artista. Y tiene bien claro cuándo fue eso.

De chica, una vez vi que se burlaban de Nacha Guevara y mi abuela me retó: ‘Nunca te burles de ella porque es una artista’. Y eso quiero que la gente diga cuando me ve: ‘es una artista’”, confiesa Gonzalo a DiarioShow.com en la intimidad de su camarín en el Maipo Kabaret. Allí presenta por segundo año consecutivo su unipersonal, “Yo no hablo así”, que se originó a partir de un chiste en la radio.

Es la deconstrucción de quién soy, voy contando el origen del ‘monstruo’. Cómo ese nenito que vivía en Córdoba y que sólo quería usar los tacos altos de la madre, llegó a ser este artista que soy en Buenos Aires”, explica Costa.

Luego de “vivir en pensiones espantosas, tener trabajos horribles y hasta vivir en la calle”, recuerda, “llegué a la profesión por accidente”. Como no tenía dinero, Gonzalo iba a la puerta de los bares del teatro under, se hacía pasar por asistente de los transformistas y así veía los shows. Una noche, alguien vio que Costa, sin ninguna preparación artística previa, tenía “algo más” y la alentó a subirse a un escenario. Y cambió su historia.

Desde ese momento, principios de la década del 2000, Costa comenzó su construcción artística que incluyó cursos de clown, el actor y la máscara, comedia del arte y stand up, que, se sincera, “yo lo odiaba”. Y ahí marca un punto para diferenciarse.

Pese a que en “Yo no hablo así” está sola sobre el escenario, no se reconoce en ese rubro. “No hago stand up, soy talentosa. Es una forma de hacer humor que no es la mía. Tienen un texto que no va a trascender jamás. Hablo del texto, no de la persona que lo representa. El standapero se sube al escenario a perder. Hablan de temas comunes pero sus trabajos no tienen profundidad. El stand up tiene una fórmula. Sé cómo van a rematar el chiste. No hay improvisación. Cuando llegan a la tele, hacen agua, no pueden salir de un texto. No lo critico, pero no son artistas, son standaperos”, sostiene.

Admiradora de Antonio Gasalla, Valeria Lynch, Cecilia Milone y Jean François Casanovas, entre otros, Gonzalo reconoce que en sus comienzos notó poca solidaridad de los artistas. “No por maldad sino por mediocridad. No me tomaban en serio. Decían: ‘Ah mira esta gordita, qué graciosa como recita Borges, sabe quién es Lorca’. Y un día se encuentran con que encabezo un show que antes lo hacían ellos. Y ahí se ponen nerviosos. Me encanta que eso les pase”, admite entre risas.

Gonzalo Costa logró posicionarse como otra chica trans popular y con nombre propio en el espectáculo argentino. Espacio que se abrió en los años 90 con Cris Miró y que hoy tiene como referentes a Lizy Tagliani y Florencia de la V. Pero a esta última, Gonzalo no la considera una par.

Lizy es artista, Flor no. Flor es una chica trans graciosa como hay cientos, no le veo mérito. La diferencia con Florencia es que cuando la gente me ve a mí o a Lizy, le producimos una emoción, algo cambia en ellos, se transforman. Flor, en su construcción, dejó de darle a la gente lo que quería. Podría haber seguido siendo la chica trans graciosa que se sentaba en la mesa de Mirtha y se comía las ‘eses’. Pero eligió los zapatos internacionales. La respeto pero ella no es una artista”, afirmó.

Lizy Tagliani