@TomasDV55

Osvaldo Laport es una persona comprometida. Las causas que lo convocan a nivel personal lo llevaron a lo largo de su vida a involucrarse de lleno, haciendo viajes para presenciar y colaborar en crisis humanitarias, dando charlas, realizando documentales y convirtiéndose en embajador de ACNUR, la “Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados”, de la cual forma parte desde hace 13 años.

Su contracara como actor rara vez le ha permitido confluir su acción social con su pasión por la ficción en el mismo proyecto, y que este, a su vez, tenga impacto comercial en una audiencia considerable. Hasta que llegó “ 100 días para enamorarse”, la ficción que se mantiene firme en el prime time.

“Me parece brillante. Era hora de una novela adulta. Hacía tiempo que la venía esperando. A mí mismo, como actor, que he sido un privilegiado históricamente de la ficción en la TV, que he hecho una carrera atípica con personajes como... Catriel (“Más allá del horizonte”), Guevara (“Campeones de la vida”), Amador (“Soy gitano”), tantos otros. Yo sentía que me faltaba interpretar personajes comprometidos, más allá de aquellos antihéroes”, cuenta Laport, feliz por formar parte de un fenómeno que, desde la pantalla chica, logra evidenciar dilemas todavía pendientes de nuestra sociedad, desde los conflictos familiares a la orientación sexual y la diversidad de género.

Su rol es el de Gino, padre de Antonia (Nancy Duplaá) y abuelo de Juan, el chico trans interpretado por la joven revelación del año, Maitena Lanata. “Como actor sentía que ya había hecho todos aquellos personajes, y no encontraba explicación a lo que me pasaba. ¿Estoy aburrido? No, tengo mucho para dar como actor todavía. Y por suerte apareció este rol, que me hizo entender”, dice al respecto.

Gino no es ajeno a la transformación de su nieta -nieto- sino todo lo contrario: se adapta a la lucha del muchacho a pesar de la distancia generacional. “El privilegio es la posibilidad de hacer sentir identificación en la sociedad de tantos hombres adultos, tíos, abuelos, padrinos, padres”, afirma Osvaldo, y agrega: “Mayores que a su cargo tengan adolescentes que tal vez estén transitando una situación parecida a la de mi nieto, el personaje de Maite”.

“Si bien aparezco poco, me entusiasma mucho. Hacía mucho tiempo que no tenía las ganas, el deseo, la expectativa de que me llegue el libreto y ver qué escena me escribieron. Me devolvió algo que no tenía”, reflexiona el actor uruguayo.

Su visión de cómo cree que la sociedad argentina se relaciona con estas temáticas es mucho menos optimista: “Hay muchos opositores, y es natural. Bienvenidos sean porque eso habla también de un país en desarrollo. Nos falta mucho por recorrer, ojalá podamos estar en vías de hacerlo. Las críticas siempre dan la posibilidad de seguir creciendo. Esta es una sociedad huérfana de valores y de información. Esto que sucede está bueno para que aparezca una televisión más comprometida”.

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