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Por más que se trate de textos de otros autores, ella es la actriz que construye sus propias historias y personajes, dotándolos de una temperatura especial, y con ese sello tan reconocible, en el mundo de la actuación, que nos remite a momentos clásicos y de enorme proyección (años 40 y 50) del cine argentino. Para Jorgelina Aruzzi todo trabajo lleva a cabo la posibilidad de transmitir sensaciones recurrentes en el público: entretenimiento, reflexión y sensibilidad. En consecuencia, no existen para la actriz composiciones mayores o menores; solamente trabajos bien o mal realizados y, en función de esta premisa, el escenario se eleva en su principal fuente de recursos expresivos. Actualmente, junto a Juan Minujin realiza la obra del afamado autor francés Florian Zeller, "La verdad", una mirada sarcástica que abarca tópicos como el engaño, la fidelidad y los vínculos de pareja.

Sobre la vida, el teatro y los grandes cambios que explora la sociedad de nuestros días, la intérprete dialogó con DiarioShow.com y expresó convicciones en un tono amable y también analítico.

Nacida y criada en el barrio de Caballito, en Hidalgo y Avellaneda, Jorgelina estudió en la escuela normal 4 (Acoyte y Rivadavia) para completar su formación escénica en el emblemático Instituto Labardén, ubicado cerca, en Parque Chacabuco. "Mi vocación por la actuación surgió de manera inesperada ya que no existía ningún antecedente familiar. Mis primeras inclinaciones por el arte se manifestaron durante la adolescencia; en primer término se me planteó el interés por la pintura y, luego, se fue avizorando una necesidad hacia la actividad escénica", expresó con detalles.

Una actriz todo terreno (Fernando Pérez Re/Diario Crónica).

"Es más, siendo muy chica me gustaba hacer algunas imitaciones en mi ámbito familiar. A mi familia no le gustaba que estudiara actuación. Te preguntaban cómo ibas a pagar la obra social. Pero por más que estuvieran en contra, me anoté. Fue un desafío y una manera de demostrar que sí podía", continuó.

"A mi familia no le gustaba que estudiara actuación. Te preguntaban cómo ibas a pagar la obra social".

Durante esos años, puntualmente, Jorgelina fue superando algunos rasgos de adolescente introvertida y en relación a esto nos aclaró que "la posibilidad de trabajar sobre el escenario e interpretar textos me permitió proyectarme en la vida sin rasgos de esa timidez".

"Es más, la vida me fue brindando posibilidades y mi paso por los bares donde realizaba mis primeros monólogos en contacto directo con el público me generó una experiencia muy rica desde lo interpretativo, y la supe aprovechar en todo sentido", recuerda sobre la etapa que siguió a renunciar a su trabajo de repositora en un supermercado.

En relación a la falta de continuidad laboral que tiene la profesión del actor, Jorgelina comentó que "en un principio sentía cierto temor pero nunca se tradujo en angustia. Esta circunstancia me hizo tomar conciencia sobre cómo administrarme. Aprendí a saber guardar el dinero durante aquellas etapas que uno gana más y poder, de esta manera, solventarme cuando llegaban los momentos duros".

En tanto, la actriz remarcó la importancia de su propia estrategia laboral: "Siempre he tratado de no quedarme con los brazos cruzados. Como dije, a mí me interesó desde mis comienzos la escritura y cuando no tuve laburo salí a hacer mis shows".

Todos los caminos del arte conducen a las diferentes alternativas de la expresión, sin embargo, la especialidad, la creación, la búsqueda se muestra en Jorgelina Aruzzi en la composición de personajes. Ahí, precisamente, es donde explora con su impronta. "Me siento como pez en el agua. Cada personaje es una historia por descubrir y a recorrer desde lo físico, lo anímico y lo intelectual. Y más allá de la posibilidad de expresar estos temas en mis shows, cuando me contratan puntualmente para una obra, tengo la suerte de que me permitan incorporar mi visión del trabajo y así compartir mi aporte con el director. Es un sello que me identifica muy fuerte".

"Cada personaje es una historia por descubrir y a recorrer desde lo físico, lo anímico y lo intelectual".

Queda claro que para Jorgelina Aruzzi no existen desafíos menores. "La comedia incide en el efecto de la respuesta inmediata. En cambio, el drama es, puntualmente, una situación de clima que te exige una gran concentración en el conflicto. Nada es inmediato y todo se trasluce en el saludo final. A mí me encanta jugar con las dos vertientes y poder combinarlas en un espectáculo, es como la vida misma: hay tiempo para reír y tiempo para llorar. Sin embargo, me quedo con el humor, nos ayuda a reflexionar y, por sobre todo, sana el organismo".

Cuando la consultamos sobre los diferentes cambios que expone la sociedad argentina desde el universo femenino, nos dijo: "La mujer ha vivido en una actitud de pleno hostigamiento, se ha movido en derredor de una cultura machista. Hay que ir desenredando el ovillo pausadamente, tratar bien a tu semejante y entenderlo, por sobre todas las cosas. Además, es muy importante visibilizar a la mujer".

En relación al tema de la denuncia que Thelma Fardin realizó contra Juan Darthés, brindó el siguiente testimonio: "Thelma ha sido muy valiente y además fue respaldada. Abrió una puerta de enorme magnitud para este tipo de episodios y tuvo el coraje de poder contarlo. No es un dato menor".

"La mujer ha vivido en una actitud de pleno hostigamiento, se ha movido en derredor de una cultura machista".

Otros amores

Cabe recordar que Aruzzi, en ocasión de trabajar en la tira "100 días para enamorarse", causó revuelo al opinar sobre la monogamia. Es que la novela trataba de dos matrimonios en crisis que deciden darse ese plazo de libertad sexual para ver qué les pasaba. Consultada sobre si ella tendría una pareja abierta, la actriz contestaba: "Creo que el éxito de 100 días... tiene que ver con reformular ciertas cuestiones. Estamos siguiendo reglas sobre la convivencia, el matrimonio, y cómo nos relacionamos sexualmente. Lo que más duele de la bigamia es la mentira. A mí, separada y después de 18 años de estar casada, no me parece que el matrimonio sea algo normal".

En sus años de su juventud, otra de las grandes pasiones de Jorgelina Aruzzi fue la música y, durante unos años, se dedicó a tocar el bandoneón con una agrupación de la zona de Caballito y también en calidad de solista. Le apasionaba el tango clásico y de su pluma creativa emanó un par de composiciones. Esta actividad le abrió varias puertas laborales, sin embargo, con el paso de los años la vocación se centró en un solo objetivo: la actuación. En tanto, Jorgelina se manifestó admiradora de la compositora y primera bandoneonista profesional argentina, Paquita Bernardo, "La flor de Villa Crespo", fallecida a los 24 años. ¿Llevará su vida a los escenarios?