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Oriunda de Floresta, con el paso de los años, la piba se convirtió en una de las actrices más importantes de su generación. Debutó en cine con aquel emblemático filme que se llamó “Breve cielo” (1968) y rubricó, más tarde, inolvidables personajes en dos producciones antológicas de nuestro séptimo arte: “La tregua” y “Chechelea, una chica de barrio”. Ana María Picchio (72) resume en su dilatada trayectoria una vida de película que le permitió transitar momentos de particular gloria artística y también hostigamiento, presión y censura en los años de plomo del proceso militar (ver tema aparte).

Ella es así, franca, espontánea, de una sola faz, sin renuncios. Ahora, con gran beneplácito del público y de la crítica, realiza un simpático personaje en la controversial obra “Atracción fatal” que dirige José María Muscari.

Atracción Fatal

Trabajar con gente joven me rejuvenece, me aporta mucho ímpetu y me posibilita un delicado equilibrio de energías que me hace muy bien, en todo sentido. Trato siempre de aportar, interrelacionarme con los demás de la mejor manera posible. Evito la mentira, el engaño, la hipocresía y sobre todo el hecho de incurrir en la queja permanente. Esto te genera incomodidad y este tipo de cosas se manifiesta, tarde o temprano, en alguna desavenencia. Y hasta que no se vaya la razón por la cual vos te estás quejando es como una manera de caminar siempre sobre un ter reno áspero y hostil”, expresó Ana María en el comienzo de la charla.

Ahora me cuesta menos liberarme de todas aquellas cosas que me generaban antes incomodidad. Por otra parte, tampoco todo esto se puede evitar de manera fácil y efectiva ya que estamos expuestos a circunstancias que exceden nuestra periferia y que se instalan en esas crisis que hacen a las vidas de la gente”.

Para la Picchio el teatro siempre ejerce “a través de los tiempos históricos que le toca transitar una función, puntualmente, sanadora. Es que la cuna del teatro tiene que ver con los principios básicos de la historia de la Humanidad. Nos entretiene, nos ayuda a reflexionar, nos propone mejorar como personas y a tener una visión amable y contenedora del resto de nuestros semejantes. El teatro es como un espejo que adelanta; observamos situaciones que es muy probable que luego formen parte de nuestras acciones de vida. Es decir, cosas que nos pasan a nosotros y a cualquier hijo de vecino”.

Ante nuestra consulta, Ana María admitió que “estamos viviendo circunstancias muy complejas y, por ende, trato de no proyectar nada. Me gusta vivir el día a día, guiada por el remanso, la placidez del equilibrio y evitar cualquier tipo de situaciones estresantes. Hacer las cosas lo mejor posible para mantener lo que uno tiene”.

Ana María Picchio (Diario Crónica)

Épocas difíciles

Recientemente se le entregó a Ana María Picchio, a través de la Asociación Argentina de Actores, una carpeta confeccionada durante la dictadura militar por la policía de la provincia de Buenos Aires donde se detallaba una investigación que evidenciaba cómo eran vigiladas y perseguidas personalidades artísticas y militantes de diversos gremios (Nacha Guevara, el padre Luis Farinello).

Cantar y participar en filmes “contrarios al ser nacional” como así también realizar marchas por la ley del teatro y ser parte de asambleas gremiales eran algunas de las “acusaciones” asentadas en dichos legajos por la Dirección de Inteligencia de la policía bonaerense para justificar el espionaje realizado sobre personas y sindicatos.

Formaba parte de una lista gris de censura en ese tiempo. En la televisión tenía alguna dificultad, en el cine no podía hacer nada y solamente me quedaba a nivel laboral el teatro, sin embargo, en la boletería, siempre me dejaban amenazas de diferentes características. En ese entonces yo aún no tenía hijos y solamente estaban mi marido y mis padres. Mi mamá le puso el pecho a esta circunstancia y estuvo a mi lado en todo momento. Mi papá, pobre, se encontraba bastante enfermo y prácticamente no se enteró de nada. Un día entraron en mi departamento y lo dieron vuelta y, en otras oportunidades, la cosa tomó otro cariz ya que me colocaron bombas en el frente de casa”.

Ana María Picchio en "La Tregua" (1974) con Héctor Alterio

Y, en este sentido, Ana María evocó a la luz del tiempo transcurrido: “Yo le estoy muy agradecida a Crónica y a Santo Biasatti, al realizarme en ese entonces una nota donde se denunciaba todo lo que me estaba pasando y que obligó a la seccional policial de mi barrio a ocuparse del tema. Además, durante un tiempo, Santo venía con un auto de Crónica y estacionaba en mi domicilio como para brindarme protección durante toda la noche. Nunca me olvidaré de este bellísimo y valiente gesto y reitero que mi agradecimiento será de por vida”.

Abuela piola

Con mis nietos José y Homero mantengo una relación fluida pero que no es la misma que mantenían las abuelas de otra generación. Ellos antes se sorprendían, por el hecho de ser una persona pública, de los constantes saludos que recibía en la calle. Ahora no solamente comprendieron eso sino que también me dicen que sus compañeritos de la escuela les comentan que les encantaría poder tener una abuela como yo. Es decir una abuela que a la que puedan ver arriba de un escenario. Es realmente muy cálido y me enternece”, aseguró la actriz.

A modo de confesión, la intérprete destacó que “una de las cosas que me ha generado más calma en la continuidad de mi carrera, es que nunca me dejé llevar por la ansiedad y sus efectos colaterales. Siempre dejé que el universo marcara la huella del camino. He tenido más suerte y más éxitos en algunos momentos, en otros hubo que guarecerse de la tormenta, sin embargo he dejado que todo fluyera de la mejor manera, sin exigencias ni fantasías, de manera sensible y con lo que el destino me fuera obsequiando”. Sin dudas, su receta dio resultado.

Ana María Picchio (Diario Crónica)

Juventud, divino tesoro

La infancia de Ana María Picchio distó bastante de ser la de una chica corriente. En efecto, en varias oportunidades, la actriz confesó que “era bastante varonera” y que le encantaba jugar al fútbol con sus compañeros de la escuela o los pibes del barrio. En aquellas calles de barro y durante esas siestas interminables que dibujaban, en alguna medida, el latido de una sociedad de casas de puertas abiertas, la Picchio iba generando el camino hacia su propia identidad.

Tenía, en principio, la idea de dedicarme a la medicina, pero luego la actuación me llenó todas las posibilidades del alma. Debuté a los 19 años en ´Breve cielo´ y hasta recibí un premio que vino de Rusia y que para mí fue todo un acontecimiento”.

Con su padre en permanentes viajes laborales, la madre al cuidado de familiares enfermos y bajo el ala de protección de una abuela dura como las de antes, Ana María se calzó muy bien los pantalones y ocupó, en alguna medida, determinado rol masculino en esa estructura familiar. Con una sonrisa que no abandona en ningún momento, la actriz recordó que en oportunidad de llegar al Conservatorio de Arte Dramático, una profesora le dijo: “Con ese culo no se puede ser actriz”.

La Picchio destacó que “empecé a hacer gimnasia con unos plásticos en la zona de la cintura y lo pude bajar”. A partir de ahí se empezó a gestar otra historia...

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