@Rfilighera

Nació en la localidad de San Bernardino, Paraguay y esa infancia pueblerina forjó en gran medida su identidad, esa personalidad que tiene que ver con el amor al suelo, a la naturaleza, a esas cosas simples de la vida.

Para Arnaldo André esa identidad tenía que ver, precisamente, con esos paisajes que lo siguen acompañando: "Allá, en mis pagos, por sobre todas las cosas, hay una postal inolvidable y muy bella en todo sentido. Es el azul del lago Ipacarai, su agua cálida, las tardes después de la siesta en que se nos permitía nadar y jugar. Además, el monte tupido, donde nos internábamos en busca de aventuras y más de una vez, siendo víctimas de todo tipo de avispas", evoca.

Y ahí, precisamente, estaba presente la familia. "Mi padre Justino, mi madre Fernanda y mis hermanas Finola, Irma, Chel y Mariné. Todos han tenido un rol decisivo en mi vida. Me han ayudado en cada etapa de mi vida y les estoy y les estaré agradecido por siempre", expresa el actor.

-¿Cómo recordás aquellos veranos?

-Jugábamos en silencio, porque los mayores hacían la siesta, y luego, el aroma a café nos indicaba que ya podíamos dar rienda suelta a nuestra algarabía, porque algún mayor ya había terminado con su siesta y era la hora del café.

-¿Cuál fue tu primer trabajo?

-Fui cartero, en mi pueblo. Un trabajo que me posibilitó contactarme con la gente, se generaba un interesante vínculo humano, algo lindo, porque, más allá de una encomienda, una circunstancia meramente epistolar, uno tenía, muchas veces, el hecho concreto de acercarle a la gente ilusiones, proyectos.

-La decisión de trasladarte a Buenos Aires, ¿a qué obedeció?

-Estaba convencido de mi vocación de actor, y Buenos Aires era el lugar indicado para estudiar e iniciarme en la carrera. Salí yo solo de Asunción, pero aquí me esperaban mis tíos, que me cobijaron y me dieron todo el apoyo que necesitaba. Luego fui ambientándome, descubriendo la ciudad, obtuve un trabajo de oficinista e ingresé en una academia de teatro.

-¿A qué creés que se debe tu pasión actoral?

-Mucha influencia de los radioteatros de la época, y la suerte de ser elegido en varias ocasiones para recitar poemas patrios frente al público del pueblo, es decir, sentir los aplausos, esa halagadora sensación que conservo con mucha alegría en mi memoria.

Arnaldo André: “Fui cartero, en mi pueblo en Paraguay. Era un trabajo lindo que me contactaba con la gente, generaba un vínculo especial”.

-¿Recordás tu primera labor profesional?

-Junto a Alfredo Alcón y María Rosa Gallo, en el teatro Astral, con la obra "Orfeo desciende", de Tennessee Williams. Un inolvidable espectáculo desde todo punto de vista.

-¿Cuál ha sido la propuesta artística que marcó una bisagra?

-Por un lado, "40 Kilates", obra teatral junto a Mirtha Legrand, y la ficción "Pobre diabla", de Alberto Migré, primer protagónico que realicé junto con Soledad Silveyra. Por otro lado, siempre deseé hacer mi carrera actoral en base al cine; pero la televisión me dio enormes posibilidades y, en consecuencia, quedó pendiente lo primero. Con el tiempo, y como asiduo espectador de películas, empecé a verlas desde otro ángulo, el del director, y con el tiempo se me brindó la primera oportunidad, dirigiendo "Lectura según Justino", con Julieta Cardinali y Mike Amigorena.

-¿Cuál fue el beso que más te conmocionó en una tira y por qué?

-Honestamente, no recuerdo uno en particular. A todos les ponía la misma pasión.

Uno de sus orgullos: dirigir "Lectura según Justino", con Mike Amigorena y Julieta Cardinali. 

EL HOMBRE AISLADO

-¿Cómo experimentás esta fase de la cuarentena?

-Cuidándome mucho, sin exponerme, tratando de acortar los días; más horas de sueño, mucha lectura, ejercicios, cortas caminatas, películas y mucho humor.

-¿Qué opinás del teatro vía streaming?

-No tengo dudas de que se trata de una buena manera de llegar al público en este particular momento.

-¿Cómo te imaginas la vuelta a los escenarios?

-Me cuesta imaginármelo; pero debemos respetar el protocolo, para que tanto los profesionales como el público se sientan seguros y, en consecuencia, alentarlos a volver a ver teatro.

Arnaldo André: “En esta cuarentena trato de acortar los días: más horas de sueño, mucha lectura, ejercicios, cortas caminatas, películas”.

-¿Pensás que estamos ante las puertas de un mundo nuevo, en relaciones humanas y profesionales?

-Debemos adaptarnos, ineludiblemente, a un nuevo estilo de vida; no va a ser fácil, pero no habrá otra manera de relacionarnos y convivir.

-Si tuvieras la posibilidad de comenzar de nuevo; ¿elegirías otros caminos?

-Dios me marcó un camino y me bendijo en todos los pasos que di como ser humano y como profesional, por lo tanto, haría exactamente lo mismo. Por supuesto, no olvido a ese maravilloso público que me acompañó durante toda mi carrera, a quien siempre he respetado, tratando de insuflar calidad a todos mis trabajos.

Su primer protagónico, junto con Soledad Silveyra en "Pobre diabla" (1973).

PIES EN LA TIERRA

El estrellato y la popularidad masiva, sobre todo aquella que genera la televisión, suelen ser factores que pueden dar orgullo y placer pero también desencanto y angustia cuando cambia la cara de la moneda.

Consultado Arnaldo André sobre la fama, opinó: "Al comienzo de mi carrera, cuando no me llamaban, realmente entraba en un estado de desesperación total. Luego, la experiencia y la sabiduría te coloca, felizmente, en otra posición. Con el correr de los años aprendí y comencé a calmarme, evitando situaciones de estrés. Y a modo de ejemplo, en una oportunidad, Ana María Campoy me dijo que cuando uno se convertía en una marca podía descansar tranquilo, porque el público no lo olvidaría. Y esta definición me acompañó y me va a acompañar de por vida".

“Amo y señor” (1984), junto con Luisa Kuliok, fue “la novela del destape”.

CACHETAZOS EN TEVÉ

TIEMPOS QUE CAMBIARON

Aquellas famosas cachetadas que André dispensaba a Luisa Kuliok en la popularísima telenovela "Amo y señor" pasaron a la historia, al igual que la ficción en sí. Sin embargo -y felizmente-, los tiempos cambian y la evolución de las sociedades se hace notar.

Al respecto, en varias entrevistas, Arnaldo André se refirió al tema: "Quiero dejar bien aclarado que no me arrepiento, porque yo no era consciente de este tipo de episodios en ese momento. Nadie podía pensar en que la sociedad iba a plantearse tan seriamente la violencia de género o temas vinculados a la diversidad. Hace treinta años no se hablaba de eso. Las cosas cambiaron y, por otra parte, me interesa subrayar que, si yo hubiese sabido que eso podría haber servido de ejemplo para algunos hombres, no lo hubiera hecho nunca".

En tanto, Luisa, comentaba: "Me gusta aclarar, en el caso específico de las cachetadas, que nada tenían que ver con violencia de género. Mi personaje no representaba una mujer sometida y esa novela, que no fue melodrama, no legitimó ningún tipo de violencia de género o cuestión que se le parezca. El vínculo con el varón que se establecía era absolutamente par en los enfrentamientos".

CONFESIONES

LA PASIÓN DE ARNALDO

En una entrevista radial, Arnaldo André, a modo íntimo, le confesó al conductor Ulises Jaitt aspectos desconocidos de su universo sexual. "Hay varios lugares donde tuve sexo, pero recordaré los siguientes: en un Fiat 600; en un bote en la laguna de Chascomús y en el baño de un tren viajando a Bariloche. Pero aclaro que no tengo un deseo puntual de hacerlo en un determinado lugar".

Y agregó con la rigurosidad del detalle: "Mi mayor tiempo sin sexo fueron quince días. Y mi récord fue hace mucho tiempo, y debería tener, en ese entonces, 18 o 20 años. Recuerdo que fueron ocho veces en una hora". Asimismo, contó que no le gustan los disfraces, que nunca usó juguetes sexuales y que "la importancia del sexo, del 1 al 10, es 10".

Por otra parte, como recuerdo de su etapa de preadolescente, Arnaldo confesó a modo de anécdota: "En esa época yo ya me enamoraba de mis maestras. Era un enamoramiento que tenía connotaciones de celosía. Yo era muy celoso y, en este sentido, lo sigo siendo de manera invariable; entonces, si veía que la maestra acariciaba la cabeza de un compañerito, me ponía muy mal y lo vivía como una traición". Sin embargo André sigue siendo muy celoso de su vida privada, de la que poco y nada se sabe.

Por R.F.

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