@Rfilighera

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La historia de un país también se escribe con el recorrido estético y de trabajo, puntualmente, que realizan los artistas. Son los forjadores de varios desafíos, entre ellos, entretener y dar testimonio de época.

Precisamente, Norma Aleandro es un ícono indiscutido de nuestro teatro, cine y televisión, cuyo legado se renueva en forma permanente. Nos maravilla desde su visión del escenario y la docencia y nos sorprende, búsqueda creativa mediante, en el día a día. La actriz, autora y directora, de 81 años, charló con DiarioShow.com en relación a las huellas ya dejadas y a los nuevos caminos por conocer.

-Generalmente, ¿te gusta mirar hacia atrás, para observar con detenimiento algunos de tus trabajos?

-No soy una lectora de mi álbum de fotografías. No lo hago porque, realmente, no me sale. A mi profesión realmente nunca la tomé como una carrera, sino como algo que amaba y que podía vivir de eso en el transcurso del tiempo. Pude realizar cosas con lo que amaba y con la gente que me sentía identificada y muchas veces tuve que aceptar cosas que no me gustaban para poder vivir, sobre todo, si tenemos en cuenta que yo empecé siendo muy chiquita, a los 13 años.

Entonces, no miro atrás demasiado, salvo para no tropezar con la mis- ma piedra, aunque a veces suceda (risas). No soy nostálgica, quizás en determinados momentos y circunstancias especiales.Trato de vivir en el aquí y ahora.

-Ese presente se va renovando.

-Es así, con proyectos que me gustan y otros que no. Lo haga o no después, lo lindo de todo esto es que te llamen y se acuerden de uno.

-La escritura siempre, tengo entendido, te apasionó...

-Sí y, precisamente, una de las ideas para hacer próximamente es una obra mía, muy cómica, una sátira sobre las obras de Aristófanes, una venida del dios Baco (dios mitológico romano del vino), para realizar una de sus irreverentes fiestas. Y va a ser cómica, con muchos personajes.

-Y en cuanto a la posibilidad de plasmar alguna autobiografía desde tu universo profesional...

-Tengo cosas escritas que he pre- sentado en mi ámbito doméstico para amigos. Cosas que yo pienso de la actuación, pero en función de ser utilizadas, únicamente, para mis alumnos.

-¿Qué sensaciones tenés de lo que se hace, actualmente, en el teatro de Buenos Aires?

-Existen muchas propuestas y todo, en líneas generales, muy mezclado. Desde el teatro independiente, observamos espectáculos muy bellos, en una búsqueda importante pero, a su vez, también otras de la que nos desencantamos de una manera fuerte. ¡Por Dios, uno piensa para qué habrán subido a un escenario!

-Europa se sorprende con la cantidad de oferta que hay en la cartelera porteña, desde lo comercial y el off .

-España tiene admiración por nuestros actores, esto, históricamente, desde Ricardo Darín para arriba y para abajo. El enorme afecto que tienen hacia nosotros, artísticamente, hay que trasladarlo a otros países del continente. Es un fenómeno muy especial, del que reparan también en Estados Unidos y en Latinoamérica.

-¿Cómo observás la actualidad cultural?

-Hay propuestas, hubo cambio de autoridades en el terreno oficial, sin embargo hay que ver cómo sigue el desarrollo de los acontecimientos. Tampoco hemos tenido apoyo en gobiernos anteriores, salvo algunos que han adherido ideológicamente. Aquellos que han sido neutrales, no se les presentó para nada fácil. Pero, ahora, veremos qué hacen.

-¿Este tema de la grieta sigue en los días que corren?

-Te digo que, por suerte, yo ten- go amigos de un lado y del otro. La grieta, realmente, me importa un comino. No me interesa qué piensan cada uno. Cuando me importa la persona, no reparo en que si su posición política es algo en que yo pueda no estar de acuerdo. No le doy importancia, reitero, a mí me interesa la parte humana como hecho insoslayable y bueno, si la grieta se hizo de una manera tan grande como ha sucedido, tendrá sus motivos.

-A vos te tocó vivir esa dolorosa etapa del exilio. ¿Qué recordás de esos años?

-Los he superado, por cierto. Estuve en el exterior con mi marido y mi hijo y he compartido la vida con muy buenos amigos, como Marilina Ross y Luis Politti, entre otros. Además de España, Uruguay fue un lugar de pertenencia de mucha generosidad conmigo. Por otra parte, te digo que no tengo un sentido de tristeza grande y tampoco hablo demasiado de esto, salvo que me pregunten, como vos, en este caso.

En ese momento (los años de plomo de la dictadura militar), han pasado en el país cosas muchos más graves de las que me han sucedido a mí. Hay gente que ni siquiera está y gente que no se sabe dónde se encuentra. Pude vivir lo mejor que pude, pero no es para hacer un recuerdo de esto en forma permanente.

-El grupo de David Stivel fue algo que te marcó de manera artística...

-Ha sido fundamental. Partió de constituirse como una cooperativa y, en la televisión, recuerdo que nos miraban como marcianos. Fue un grupo por el que pudimos hacer también teatro y una película. Nos dimos un gusto muy grande.

-"La historia oficial" también se erigió en otro hito.

-Lo fue, sin lugar a dudas. Me posibilitó después trabajar 6 años en Estados Unidos, situación que, honestamente, no me la había propuesto. Nunca tuve como plan vivir y trabajar en otro lado que no fuera Argentina.

-¿Sentiste una necesidad muy fuerte de retorno?

-Por supuesto. Como te decía, yo no puedo vivir lejos de mi país.

-¿Qué cosas sentías que te faltaban?

-Extrañaba lo bueno y lo malo de Buenos Aires. Como ser, en Estados Unidos pude trabajar con personas de una gran calidad humana, pero, admito que extrañaba muy fuerte a mis amigos y a mi familia, a la que veía muy distanciada. No era cómodo ni tampoco era mi estilo.

-Te interesaba más la cartelera porteña que el brillo de Hollywood...

-No tengas la menor duda que ha sido y es así. Al teatro de Buenos Aires no lo cambio por nada.