@perez_daro

Martina (Antonella Costa) quiere volver a tener la fama que supo tener en la década del 90, cuando era una reconocida ídola teen. Pero algo sucede cuando intenta ese retorno a la gloria, tratando de aprovecharse del lindo aroma de la nostalgia. Está llegando a los cuarenta años y nada huele bien, nada se siente bien. El “dry” del título hace referencia a la ausencia. Martina se siente seca (traducción de Dry al castellano) y necesita remediarlo. Con sexo, con afecto inmediato. 

César (Pedro Campos) y Francisca (Geraldine Neary), una pareja chilena, llega a su vida para cambiarlo todo, aunque no del modo en el que ella piensa. Mientras César aparece como un posible antídoto a su problema de libido, es Francisca, una fan que está convencida de que es hermana de Martina, la que quizás pueda llenar su vacío, sacarla de ese estadío seco.

Dry Martina, de Ché Sandoval

Dirigida por Ché Sandoval, esta coproducción chileno-argentina pone el foco (literalmente) en Martina, lo que hace que conozcamos hasta el más mínimo detalle de Antonella, quien carga con la película de una manera única. El director quiere que ella lleve el filme con sus gestos tanto como con sus acciones, transformando la trama en inequívocamente femenina. Pero más allá de las inquietudes presentadas a través del rostro de Martina, y de la universalidad que intenta representar, el filme es directo, crudo (demasiado en sus diálogos, quizás) pero sumamente veraz, algo difícil de conseguir por estos días.

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