Por Martín Pérez

@perez_daro

A ocho meses del estreno deLego Batman”, la ansiedad de Warner hizo que nuevamente tengamos una aventura basada en el mundo del juego de encastre, en este caso Ninjago. El nuevo universo generó una ola de fanatismo que se aleja de los clásicos de Disney/Pixar y Dreamworks, que desde hace años encaran la búsqueda de salir del esquema “animado”, y pueden trazarse semejanzas con géneros como el drama y el romance.

Descontracturados y conscientes de las virtudes y los defectos de su estructura inverosímil, los Lego van más allá y juegan con la exageración. Lord Garmadon es un villano que ataca constantemente la ciudad de Ninjago, con la intención de gobernarla.

El problema es que a pesar de contar con un numeroso ejército y varios generales que llevan a cabo sus planes macabros para lograr su cometido mayor, un grupo de ninjas adolescentes, montados en sus robots con formas de animales (bienvenida cualquier referencia a los Power Rangers), se lo impiden.

El grupo está comandado por el Ninja Verde, Lloyd, quien es el mismísimo hijo de Lord Garmadon. Para proteger a la ciudad, el joven mantiene su identidad ninja en secreto, pero desgraciadamente no sucede lo mismo con su árbol genealógico, pues toda la ciudad sabe de quién es hijo y por ello no es muy popular.

Con la misma esencia que Lego movie” y Lego Batman”, la tercera entrega de estos bloques de plástico que cobran vida, se para sobre la parodia y la ironía para crear un gran guión que se ríe de los géneros, los estereotipos cinematográficos y sus mismas falencias.

De esa manera, sin buscar más que entretener, vence todo el tiempo en la pantalla. Sin embargo, el conflicto es que, justamente por mantener la fórmula de los anteriores proyectos de Lego, los gags comienzan a perder fuerza porque justamente no hay nada que sustente el filme detrás de esa buena idea que es, ahora, un eco. De todos modos, mientras avanza el largometraje, habrá sorpresas.

Es el primero que tiene a dos personajes de carne y hueso, que son los que cuentan la historia, y nada menos que Jackie Chan para hacer de un experimentado vendedor en un viejo comercio para narrar el cuento. En medio de la historia, la inclusión de un animal, también de carne y hueso, entre los personajes de plástico también suena a buena intromisión y sorprende dentro de los cánones que utilizan habitualmente para resolver escenas.