Protagonizada por Jennifer Lawrence y Javier Bardem. 

Por Martín Pérez

@perez_daro

Una pareja (Jennifer Lawrence, Javier Bardem) recibe a un médico desconocido en su hogar, y el dueño de casa invita al hombre a pasar la noche sin muchas explicaciones y en contra de la voluntad de su mujer. Al otro día, llega la esposa del médico, quien también se instala allí.

Con el correr de las horas, lo extraño comenzará a ser costumbre, un hecho tras otro, en lo que jugará como un despiste para el espectador. Al menos en apariencia. Drama y suspenso formarán parte de la primera parte en el filme de Darren Aronofsky, un extraño cineasta que fue alabado por “Pi”, y “Réquiem por un sueño”, sus primeros largometrajes, y fue un gran hallazgo en la elogiada “El cisne negro”.

Es necesario conocer algo de la trayectoria del director para no caer fácilmente en el juicio de haber sido engañado, aunque eso sea exactamente lo que sucede. A conciencia, Darren abre el juego en la segunda parte a una serie de hechos que circulan la metáfora ritualista de la religión cristiana (con una primera sección en la que se denotan referencias constantes al Antiguo Testamento) pero de manera extravagante y forzada. Despistados La idea parece ser todo el tiempo confundir.

¿Es terror?, ¿es un thriller psicológico? o ¿es una metáfora en sí misma lo que vemos en la pantalla grande? No está mal generar un debate o una reflexión dentro de un filme, pero la improbable respuesta a alguna de estas cuestiones apunta más a pensar que en realidad la confluencia de diferentes elementos que se suman escena tras escena sólo tienen la intención de generar controversia más que dejar ideas en las cabezas y corazones de los espectadores.

Por otro lado, el hecho de que el largometraje sea un rompecabezas que se arma y desarma todo el tiempo, es rescatable en cuanto tiene la intención de entretener o mantener en vilo. De todas formas, se trata de un fi lme que promete mucho más de lo que cumple.