@perez_daro

Calificación: Muy buena

Pedro Almodóvar es uno de los cineastas españoles más reconocidos y queridos en nuestro país. El amor por su cine -vale la pena la aclaración en una industria donde hay cada vez menos arte y más “producción”- es correspondido en Argentina por los cinéfilos, y al mismo tiempo, Pedro siempre demostró gran respeto y cariño por nuestro séptimo arte y los grandes actores locales que han participado de sus filmes. Es por eso que la noticia del reconocimiento de “Dolor y gloria” en Cannes fue motivo de celebración en el ambiente nacional. Tan sólo tres semanas después, la nueva obra de Almodóvar llega a nuestras salas.

El filme nos presenta a Salvador Mallo (Antonio Banderas), un director de cine renombrado y hombre solitario, que padece dolores de todo tipo. Con el paso del tiempo se reencuentra con el valor que tiene una película que hizo hace 32 años. Se contacta con el protagonista Alberto Crespo (Asier Etxeandia), quien le guarda mucho rencor, y fuman la pipa de la paz con un poco de heroína.

Mientras viajan, Alberto descubre un texto muy íntimo de Mallo y le admite que le gustaría adaptarlo para hacer una obra de teatro. Tras dudarlo mucho, Salvador decide darle los derechos a Crespo para que la interprete, y por alguna casualidad, llega al teatro Federico (Leonardo Sbaraglia), un ex amante de Mallo, que reconoce de inmediato la historia que reaparecerá en su vida. A Salvador lo vemos luchar con sus dolores con esta nueva droga que descubrió, y también como el niño que fue, con una infancia pobre pero llena de amor junto a su madre (Penélope Cruz).

El filme es una suerte de autobiografía ficcionada de Pedro Almodóvar, pero que, a pesar de la referencia propia constante, funciona todo el tiempo, independientemente de su origen real: emociona con el amor, sensibiliza con los dolores, y golpea con las derrotas y defectos. El realizador se las arregla para crear un mundo del que puede disfrutar tanto el que no conoce nada de la filmografía del español como el que lo abrazó en cada una de sus películas. El Deseo es el nombre que lleva su productora.

Esa pulsión, a veces desconocida, otras prohibida y sólo en ocasiones permitida, también se involucra fuertemente en la vida y especialmente esta película del español. Almodóvar siempre es intimista, e intenta pintar emociones con las que todos se puedan identificar. Si bien siempre tuvo un marco de identidad, una huella de autor imposible de pasar por alto, aquí decidió traspolar todo aquello que sintió a lo largo de su vida en el papel de Antonio Banderas, quien, afortunadamente, estuvo a la altura de la situación y ya resuena como un gran aspirante a premios, incluido el Oscar.

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