Laura (Pilar Gamboa) lleva a su hijo Pablo (Valentín Oliva) a pasar las vacaciones en Villa Gesell. El adolescente no parece estar interesado en el viaje ni en pasar tiempo con su madre, pero como parecen hablar diferentes idiomas, todo el tiempo hay una desconexión entre ellos, que crean discusiones de cualquier situación trivial. A las pocas horas de llegar a su departamento se dan cuenta que tendrán que compartir edificio con su ex marido y padre respectivamente.

Martín (Santiago Gobernori) y su novia (Valeria Santa), por su estadía van a generar una situación incómoda detrás de otra, pues, por la necesidad de agruparnos con lo que ya conocemos, aunque nada los obligue, comenzarán a pasar tiempo juntos. La tensión avanzará por las cosas no dichas, que se escupen por la boca con una falla en la codificación.

Otra situación se da con Pablo y una guardavidas que conoce al llegar, porque a pesar de sentir atracción mutua, las palabras parecen no ser sinceras con lo que verdaderamente sienten. Así, los diálogos y las actuaciones se convierten en grandilocuentes por oposición a la realidad y en clave cómica, cuando pudieron instaurar este código con el espectador, el filme se hace muy disfrutable. La importancia de lo que no decimos, que sale al exterior de una manera diferente al verdadero deseo, la pared que nos impide ser genuinos, es lo que lleva la historia en "Las Vegas", sutil pero sólida a la vez.