@perez_daro

Al pobre Godzilla no lo dejan descansar por mucho tiempo y cada tanto lo ponen a trabajar duramente. Es que el monstruo de la cultura japonesa es una de las estrellas de la industria cinematográfica, que alcanzó éxito en otros ámbitos también: tiene más de 30 largometrajes en Asia, cinco películas hollywoodenses, participó en animé, comics, series y hasta una banda de heavy metal lleva su nombre original, “Gojira”. En esta oportunidad, el estreno es parte del nuevo “MonsterVerse”, universo que inició en 2014 con “Godzilla”, sigue con esta segunda parte, conocida también como “Godzilla: Rey de los monstruos”, y continuará en 2020 con “Godzilla Vs. Kong” -un spoiler que ya realizó Warner al comentar que ya estaba en producción, lo que significa que el monstruo seguirá rompiendo cosas-.

Tras la devastación de Boston y la muerte de su hijo por culpa de la destrucción de Godzilla, Mark (Kyle Chandler) y Emma (Vera Farmiga) se separan, y su hija Madison (Millie Bobby Brown) queda a cargo de su madre, que aún trabaja para la empresa Monarch, que se encarga de monitorear a los demás monstruos gigantes que siguen apareciendo.

Emma y Madison son secuestradas por una organización de ecoterroristas liderada por Alan Jonah (Charles Dance), que tiene como fin despertar y liberar a todas estas especies, porque consideran que su aparición en la tierra es la forma en la que el planeta busca su equilibrio, tras el desastre ecológico que produjo la humanidad en toda su historia.

Esta teoría está basada en las consecuencias del ataque a Boston, que tras la destrucción de 2014 floreció como una selva nativa sin ayuda del hombre. Mark será convocado por Monarch para ir a rescatarla y obviamente evitar que Jonah y sus secuaces logren su cometido, que puede significar la extinción de la raza humana. Pero mientras comienzan con la búsqueda, logran despertar a Ghidorah, el dragón de tres cabezas que es enemigo natural de Godzilla y otras especies ancestrales, que antes se pensaba que eran simples mitos: Mothra (una polilla gigante), y Rodan (un monstruo alado parecido a un pterodáctilo). Ahora, los humanos deberán ayudar a Godzilla a recuperar su poder para evitar que los demás monstruos se apoderen del mundo.

Si bien algunos de estos nombres de “animales” no son conocidos en Occidente, todos aparecen, tal como Godzilla, en la cultura oriental. A pesar de toda la buena intención que tengan al respetar estos mitos a la hora de hacer una película, en el resultado final es una mezcla de situaciones confusas (sumadas al drama familiar y el rescate de Emma y Madison) que terminan destruyendo la propuesta tal como los monstruos.

Queda para destacar solo la buena puesta de efectos especiales en las peleas de monstruos, que ahora muestran más fuerza por la radiación natural y la ¿ayuda? de quienes debían controlarlos. “Godzilla 2: el Rey de los monstruos” es un tanque (se nota el dinero invertido en producción) que sólo vale la pena para saber hasta donde se puede llevar el arte digital al servicio del entretenimiento.

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