@perez_daro 

Calificación: Buena

¿Qué precio tiene el dinero? ¿Es un papel para conseguir bienes, o es algo más que una cifra? Para algunos, significa poder, es una cuantificación de supremacía. Así lo pinta Ridley Scott, director de “Todo el dinero del mundo”. La historia, con un guión simple, se basa en el secuestro de uno de los nietos del magnate y empresario de petróleo Jean Paul Getty.

La narrativa va al punto de cuando el adolescente rebelde (Charlie Plummer), llamado igual que su abuelo, es secuestrado y muestra la desesperación de su madre (Michelle Williams) por recuperarlo. Por ello, acude a su ex suegro, pero a pesar de contar con los 17 millones de dólares que le exigían para liberar al joven, Getty (Christopher Plummer) acusa que “si pago un centavo ahora, tendré 14 nietos secuestrados mañana”.

El tironeo por pagar o no y la búsqueda del joven a cargo del mediador Fletcher Chase (Mark Wahlberg) llevan la película del drama al policial. Pero lo llamativo es la manera en que se trata ese poder ejercido a través del dinero.

Por un lado, parece condenar al anciano por tacaño y poco afectivo, pero en otras escenas se trata de comprender el significado que Getty les daba a sus recursos económicos, casi desde un lugar benévolo. La referencia popular que hay de “Todo el dinero del mundo” es que se trata de la película que habría protagonizado Kevin Spacey, pero a raíz de las denuncias en su contra de haber abusado de varios actores adolescentes, la producción decidió sacarlo del filme y volvieron a rodar sus escenas.

Por las tomas nuevas volvió a crearse polémica porque Mark Wahlberg cobró 1,5 millones de dólares para volver a hacerlas, mientras que su compañera Michelle Williams recibió un cheque por tan sólo 1.000 dólares. Ante la ola de críticas por el machismo y la brecha salarial que existe entre actores y actrices en Hollywood, Wahlberg decidió donar lo ganado para evitar quedar en el ojo de la tormenta.

En lugar de Spacey, el protagónico estuvo a cargo de Plummer, que interpretó en esta nueva versión al multimillonario Getty. Si bien está impecable en su rol, padece ante el juego mental que todos querrán hacer al ver la película, intercambiando rostros y pensando cómo lo habría hecho el otro actor. Es decir, a pesar de la buena prensa de la música, estos aspectos de detrás de cámara van en detrimento de la producción, como si se hubiesen visto mucho los hilos, y desconcentran el foco del tema principal del largometraje.