Calificación: Muy buena

"Apuesta maestra” llega a los cines de Argentina a un mes de su estreno en Estados Unidos, con el pelotón de las películas guardadas hasta que se dieran a conocer las nominaciones a los Oscar. Si bien tuvo buena aceptación en los festivales, y algunas nominaciones en los Bafta y Globos de Oro, la fortuna no acompañó a la película escrita y dirigida por Aaron Sorkin y no logró estar entre las candidatas para la Academia.

Sin embargo, vemos un film que sabe equilibrar el drama con el thriller, con un guión inteligentemente marcado -como le gusta a Hollywood, complejo en tema y simplificado para el entendimiento de la audiencia- y entretenido. Molly Bloom ( Jessica Chastain) debe abandonar una prometedora carrera en el ski por una grave lesión. Tras graduarse de la universidad, se muda a la ciudad y, con el deseo de vivir mientras sobrevive con el poco dinero que tiene en el bolsillo, conoce a un hombre para el que comienza a trabajar como secretaria.

Sin embargo, cuando su jefe la inicie en el mundo de la organización de partidas de póker clandestino, entenderá que el dinero fluye rápidamente por lugares no muy legales y, al aprender del negocio, decide lanzarse sola y crea un imperio por lo que, tiempo más tarde, sería llamada “La princesa del póker”. En el medio, se encontrará con todo tipo de problemas -drogas, robos- y personas: adictos, estafadores, gente que sacará provecho de la situación -como ella siempre lo hizo- y hasta deberá lidiar con la mafia, lo que le trajo sus problemas más grandes.

En Estados Unidos, las historias de vida famosas llevadas al cine suelen tener éxito. Hay algo entre lo real y lo que el público imagina, que genera placer al verse ilustrado aunque se trate de algo más ficcional que verdadero.

En pocas palabras, la gente compra la verdad que el cine vende, aunque eso sea distante de lo que realmente ocurrió. Un éxito similar tienen los relatos sobre el dinero, ganado lícita o ilícitamente. El “sueño americano”, como se suele llamar al éxito económico logrado gracias a la astucia o virtud propia, se mezcla con la emotividad de la autosuperación, y todo termina entre lágrimas por el orgullo y la valoración monetizada.

Dentro de esa frivolidad, Sorkin encuentra una buena historia que contar, escapándole al paradigma del conflicto romántico, pues pese a que la protagonista es mujer, no hay historia de amor, lo que es, de por sí, un logro pocas veces visto en el mainstream. También hay que destacar las actuaciones de Chastain, que se come el filme, y de Kevin Costner, que en sus pocos minutos en pantalla demuestra que aún está en forma para regalarnos grandes performances.