@perez_daro

Hace algunos días, el estudiante Franco Petrili, comenzó una campaña para que la carrera de Ingenieria Espacial, única en Argentina y Latinoamérica, sea declarada de Interés Nacional y así lograr que no se cierre, ya que no el gobierno nacional no reconoce el plan de estudios y su continuidad peligra. Parece una maldita casualidad, que esta misma semana se haya estrenado “Astrogauchos”, una comedia absurda que trata sobre el desarrollo de un improbable programa espacial en nuestro país que en los años 60, podría haber puesto a nuestro país a la altura de Estados Unidos y Rusia.

Desde el mito que reza que Neil Armstrong viajó a la Luna con un banderín de Independiente (y algunos incluso aseguran que dejó allí el escudo) hasta los viajes a Japón en dos horas a través de la estratósfera que prometía Carlos Menem, la historia de Argentina y su intención de conquistar el espacio suma una inquietante cantidad de hechos inverosímiles. Leyendas, burocracia, promesas y patriotismo se unen en esta parodia de lo que pudo haber sido, y tal vez nunca, sea.

Astrogauchos, una película con mucho pop y color. 

La historia es la de Emilio Castillo (Ezequiel Tronconi), un físico y profesor universitario que asegura que unos espías rusos le robaron los planos del satélite Spudik. Según él, la Argentina podría ser una potencia mundial gracias a su talento, y desea armar un ministerio de tecnología espacial para que nuestro país sea el primero en poner un pie en la luna. Contrariamente a lo que todos pensaríamos, Castillo consigue que el gobierno de Onganía acepte su petición y lo nombran viceministro.

Sin embargo, tan rápido como sucede todo, Emilio comienza a sospechar porque nadie deja que entre en el hangar en el que se construye el cohete, al mismo tiempo que el ministro suma secretarias sin parar a la cartera, a ilustradores para hacer una película sobre los astronautas argentinos, y se planea la edificación de los condominios en la luna. Obviamente ha caído en la trampa de la propaganda.

Mientras tanto, el físico debe lidiar con su mujer (Laura Laprida), quien lo acompaña pero claramente oculta algo que él no es capaz de ver. Tan irreverente como su trama es su estética: encuadres inauditos, composición de arte extravagante, con mucho pop y color, son parte de esta loca propuesta que dista mucho de los filmes de época nacionales.

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