@perez_daro

Calificación: Buena

Hace algunos meses se estrenó “Dumbo”, la historia del elefante orejón, en versión live action (con los animales creados por CGI) y marcaba el inicio de un 2019 repleto de filmes reciclados, tal vez actualizados, de Disney. Casi como una celebración de su poderío en la industria cinematográfica, tras adquirir por completo Fox, la empresa que más sabe de entretenimiento infantil decidió rehacer sus películas animadas. 

Tras “Dumbo”, se espera para vacaciones de invierno “El Rey León”, y hoy llega a las salas “Aladdin”. Obviamente el gran problema que tienen estas superproducciones es la comparación con las originales, porque un cambio de trama, personalidad o gag, puede transformarse en un hecho significativo. La versión en carne y hueso de “Aladdin” tiene una historia muy parecida a la de 1992: Aladdin (Mena Massoud) es un ladrón de pequeñas cosas en la ciudad de Agrabah. Por casualidad conoce a Jazmin (Naomi Scott), princesa e hija del Sultán (Navid Negahban), cuando ella se mimetizaba entre la multitud haciéndose pasar por una doncella de la realeza.

Tiempo más tarde entra en el palacio para buscarla pero también es encontrado por Jafar (Marwan Kenzari) el visir del Sultán, quien quiere quedarse con el trono. Su plan es conseguir una lámpara que le otorgue deseos, que se encuentra oculta en una cueva, y para ello necesita de alguien habilidoso en el arte de robar. Al descubrir el talento de Aladdin para escabullirse, lo apresa pero promete liberarlo si consigue su tan ansiada lámpara. Sin embargo, el ladrón queda atrapado pero con el tesoro encontrado, por lo que decide frotarlo para que el Genio (Will Smith) lo salve.

Tras engañarlo para que todos escapen de la cueva sin utilizar ninguno de sus tres deseos, Aladdin le dice que utilizará el tercero que tenga para liberarlo, advirtiéndole que existen “zonas grises” al pedir cosas, y aconsejándole que ambicionar poder y dinero no lo harán feliz. La única ilusión de Aladdin es que la princesa se fije en él, así que le pide al genio que lo convierta en príncipe.

Desde allí comenzarán los problemas dentro del palacio, cuando de a poco conozcan la verdad acerca del protagonista y su lámpara mágica. Desde su trailer, muchos temían por la caracterización de Will Smith como Genio, que es el alivio cómico dentro de la película, pero con mucha preponderancia en la historia. Si bien en esta versión podría decirse que algunas situaciones tienen un aire a “La máscara” debido a lo inaudito de sus escenas, Smith hace un buen papel, no tan exacerbado como se creía que sería.

“Aladdin”, dirigida por Guy Ritchie, entretiene, sus musicales son pegadizos -afortunadamente las canciones no son largas- y, como otros tanques rehechos de la factoría en esta nueva etapa (“La bella y la bestia”, “Mary Poppins”, “Dumbo”) aprueba pero tampoco descolla, pues es tan disfrutable para nuevas generaciones como innecesaria para las viejas.

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