@perez_daro

Con una base que recuerda a adaptaciones como “Angry Birds” o “Ralph, el destructor”, se estrena “Emoji, la película”, pero a diferencia de aquellas, el resultado es dispar.

Todo comienza en el mundo de los emojis, simpáticas criaturas cuyo trabajo es ser escaneados con el rostro que el dueño del celular quiere utilizar. En ese pequeño mundo dentro de los mensajes de texto, cada uno tiene una sola expresión facial, excepto Gene, quien, muy emocionado y nervioso por su primer día laboral, cuando llega el escáner a su cuerpo realiza varias expresiones.

La alarma en el lugar se enciende pues esa expresión extraña era en respuesta a la chica que le gustaba al adolescente dueño del móvil. Enojado por la situación, decide ir a resetear el aparato, lo que signifi cará la desaparición de todos los emojis.

En tanto, Gene irá con su nuevo amigo “Hi-5” a buscar un hacker famoso por reescribir códigos que puede ayudarlos a ambos. Con algunos gags divertidos, y una idea que podría haber sido bien explotada, el fi lme se esfuerza por mantener los cánones de otras películas exitosas y termina perjudicado al encerrarse en esa posición.

“Un adolescente no es nadie sin su celular”, dice un narrador, dando cuenta de que toda relación entre personas debe ser a través de emojis enviados por celular.

Aunque la intención sea marcar la importancia de los protagonistas, esta idea soslaya lo impersonal y la indiferencia hacia los demás por estar atrapado con los ojos en un aparato, siendo poco sensible a lo que puede codificar un infante o adolescente -target directo de la animación- al respecto.