Por @Rfilighera

Forma parte de la esencia y el perfume de nuestras cosas más auténticas. Como la sombra que nos regala generosamente el ombú, el vínculo de amistad que nos ofrece la yerba mate, la fragancia de la tierra húmeda, la mesa de café, el billar y los amigos. Así sigue siendo Luis Landriscina a los 81 y retirado de la actividad desde hace 12 años.

Un ícono popular de la cultura argentina. Sin embargo, las presentaciones del artista en charlas, conferencias, homenajes y eventos especiales se repiten con la continuidad de un verdadero clásico que se renueva.

En su oficina comercial, plena calle Corrientes, el actor, humorista y narrador recibió a DiarioShow y reflexionó sobre el camino recorrido y el presente de los tiempos que corren. El intérprete nos dijo sorprendido un episodio que le genera mucha emotividad. "Es impactante cómo la gente joven me saluda y pide sacarse una foto conmigo. Me dicen que me conocieron a través de las redes sociales, puntualmente en YouTube. Allí, un relato mio, tal como me señaló mi hijo, contó con la cantidad de 1.300.000 espectadores. Yo, realmente, ni me lo imaginaba pero me llena de gratificación en todo sentido".

En estos momentos, Luis se encuentra en la tarea de compilar datos y testimonios que van a confluir en un libro que reunirá evocaciones, anécdotas, poesías y apuntes varios. "Me encuentro trabajando con un grupo de músicos amigos y llevaremos este trabajo al papel y también al disco".

Opinó, acto seguido, en relación con el personaje que atesora con mayor afecto. "No tengo dudas que Don Verídico fue uno de los roles que más incidencia tuvo en el desarrollo de mi carrera. Además, generó una fuerte ascendencia en la gente como un ser totalmente querible de nuestros paisajes rurales. Luego de la muerte de su creador, Julio César Castro, ha sido compleja la continuidad de este personaje por cuestiones legales de la marca, propiedad de la familia".

Más adelante, sostuvo que "siempre me ha gustado la posibilidad de transitar todas las áreas que hacen al espectáculo en sí. El teatro ha sido mi principal fuente y, luego, la televisión, aunque el cine también me brindó la oportunidad de poder desarrollarme en filmes como la serie de ‘Argentinísima’, ‘El casamiento de Laucha’, ‘Sapucay, mi pueblo’. Recuerdo esos filmes con mucha alegría y me han dejado firme experiencia artística desde el plano interpretativo”. “Algunas colegas tomaban en broma la puesta en escena que realizaba en la mayoría de mis espectáculos. Yo contaba con un espacio minimalista (se ríe): una mesa, un poncho y un vaso de agua. Estos elementos me bastaban".

Dura historia familiar

A modo de reconstruir aquellos paisajes vinculados de manera contundente al alma, evocó la llegada de sus padres italianos a nuestro país. "Vinieron después de finalizada la Primera Guerra Mundial con la necesidad imperiosa de superar todo aquello que había ocasionado un gran desastre en Europa. Allá habían tenido dos hijos y aquí tuvieron dos hijos más".

Sin alejarnos del tema, expuso que "la situación económica que habían pasado había sido muy complicada. Él perteneció a uno de los comandos de resistencia y el panorama que le había tocado vivir fue tan crítico ante la falta de alimentos, que se comían el cuero cocido de los cinturones".

Luis recordó que "mi madre falleció cuando era muy pequeño y junto con mi hermano fuimos criados por mis padrinos en la localidad de Colonia Baranda, provincia de Chaco. Más tarde, mi viejo se volvió a casar y fue padre de ocho hijos más. Hubo un distanciamiento con su anterior familia y no nos vimos más hasta que yo empecé a tener popularidad. Él se acercó, se mostró arrepentido de su alejamiento y sellamos un acuerdo del corazón. Nos pudimos reunir nuevamente y evitamos las heridas que permanecían aún abiertas más allá del paso del tiempo".

El origen de un artista ¿Cómo nació su vocación? Luis comentó que "siempre estamos ante la presencia de un don que nos regala Dios. Luego viene la base cultural que te la dan los queridos maestros de la escuela. Posteriormente, integré el cuadro artístico de la parroquia del pueblo y así recorrí camino hasta que, gestión mediante del gobernador, tuve la posibilidad de hacer mi primera aparición pública importante en el Festival de Cosquín. Me fue muy bien y, en consecuencia, recalé en Buenos Aires".

Y la situación no fue, de movida, para nada auspiciosa. "Yo ya estaba casado y con un hijo. Cosquín, en ese entonces, 1964, no tenía la repercusión que logró después. Así dadas las cosas, experimenté el hambre como el mejor. Me presentaba gratis en las peñas, y luego esperaba su llamado, nuevamente. Era un hecho auspicioso porque se trataba de una señal de que uno gustaba. Pero la guita tardó bastante en aparecer".

Luis, esposa e hijo paraban en el hotel (aún existente) ubicado en Bernardo de Irigoyen al 500, Capital. Allí recibían la permanente generosidad (un plato de sopa o de guiso) de sus dueños, don Pepe y Joaquín Casado. En consecuencia, los primeros tres años en la ciudad se presentaron para la familia Landriscina marcadamente complicados. "Buenos Aires no te pone palos en la rueda pero tampoco te dice: vení que te ayudo", resume Luis la realidad de la mole de cemento.

"Yo tengo el vicio de narrar. Y de esta manera me diferencio de los contadores de chistes. El cuento es un viaje hacia el relato y dibuja en el aire las palabras, la pintura de personajes e historias", detalló con su especial contundencia. En otro momento de la nota, Luis comentó que "siempre he tratado de ser útil. Dios me ha regalado muchas cosas y uno ha buscado los caminos para retribuir esta circunstancia".

También confesó que "me encuentro muy preocupado por el tenor de las discusiones políticas que observamos diariamente. Cada sector busca su objetivo acomodaticio. Se busca de favorecer su costado interno y no, lamentablemente, el beneficio del país".