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@Rfilighera

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Hermosa casa comparte junto a su compañero de ruta, Héctor Gióvine, en la vida y en la profesión. Ella, Virginia Lago, encuentra, en ese espacio, especial refugio para ese cable a tierra que la instala en el devenir del mundo cotidiano a sus convicciones más profundas.

En la tranquilidad de un miniparadisíaco jardín, la actriz sostiene que “los argentinos somos muy teatreros. La cantidad de salas pequeñas en el circuito under supera todo tipo de expectativa en cuanto a emprendimientos. De hecho, los europeos se sorprenden anta tamaña magnitud de propuestas. Y por otra parte, los jóvenes también tienen su posibilidad firme de expresar ideas y convicciones estéticas”.

Su paso por la telenovela, “Ama después de amar, ADDA”, la ungió, otra vez, en los planos de mayor popularidad. Compuso un personaje maldito y, en consecuencia, causó furor y contundente repercusión en la teleplatea. Le dio vida a Miriam, una mujer que quedó viuda con un hijo muy chiquito y al frente de una empresa. “Me encantó la totalidad del producto ya que se trató de una historia muy fascinante. Anteriormente yo había hecho dos malas, en ‘Caín y Abel’ y en ‘Mujeres de nadie’. Pero esta última tenía otras características, con una vida muy difícil y que lo canalizó, psicológicamente, en temas muy puntuales. Me gustó mucho poder recrearla, y también tengo que admitir que era la más mala de las malas”.

La consultamos si se inspiró en alguien, en definitiva. “No en forma particular. Sucede que los actores somos observadores y extraemos maneras, estilos de la conducta humana”.

También recordó con mucho cariño su paso durante cuatro años como conductora del ciclo “Historias del corazón”. “Se trató de un programa sensible, ameno, emotivo. Nos hizo bien y nos brindó la posibilidad de indagar en otro espacio, muy bien recibido por el público en la calle”. En el envío, Virginia presentaba una película vinculada a los afectos y a los sentimientos. Lo plasmaba con ese sello muy particular de la intérprete.

Por otra parte, la artista nos reveló que “me encantaría poder asumir la animación de un programa vinculado exclusivamente a la difusión de buenas noticias. Me gusta ir en búsqueda de este tipo de material porque además se pone en evidencia la posibilidad de mostrar la otra ciudad y sus otros habitantes. Tengo este sueño y espero poder realizarlo muy prontamente”.

A modo de declaración de principios, Virginia sostuvo que “no tengo redes ni Facebook. No me interesan, me parece que en general son crueles y se busca deslegitimar al ser humano. Todo es misterioso y es como estar en las penumbras. No ves a la gente, está entre las sombras, y se cuenta con carta blanca para poder decir cualquier cosa”, y reconoció que estuvo al tanto de las burlas que se le realizaban en las redes sociales por el programa vespertino: “Se hizo gala de una crueldad inusitada, aunque si bien me angustiaron, pude catalizarlas posteriormente y dicha circunstancia evitó que se alejara de mi interior cierta angustia”.

En la actualidad, Virginia se encuentra en plena etapa de ensayo de la obra “La panadera de los poetas”, de su amiga y escritora María de las Mercedes Hernando, y que contará con la dirección de su hija, Mariana Gióvine.

“Es la primera vez que me dirige Mariana y se trata de un trabajo especial de particular desafío. Yo me encargué de la dirección en equipos que integraba en los que estaba mi hija, pero, reitero, esta es la primera vez que estoy bajo las órdenes artísticas de ella”.

Virginia Lago estuvo prohibida en los “años de plomo”, desde el ‘76 y hasta el ‘80. No se fue a esconder debajo de la cama. Siguió trabajando como pudo y en las condiciones que le permitía el clima de opresión que se vivía en el país. Convicciones y toma de posición de una actriz que sigue recorriendo el azaroso camino del arte y la conducta.