@perez_daro

Tener a Ridley Scott dirigiendo un film con el título “Alien” era lo que muchos fans en todo el mundo esperaban. Más aún, tras la realización de “Prometheus” en 2012, largometraje que significó una gran decepción pues todos esperaban que allí reapareciera el horrible bicho que cambió para siempre el cine de terror y ciencia ficción, pero eso no sucedió.

Con esos antecedentes, se estrena “Alien: Covenant”, que intentando ser una secuela de “Prometheus”, termina reescribiendo esa historia con un argumento muy similar.

A pesar de que se pueda calificar como una actitud “tribunera” del cineasta la inserción del xenomorfo enmendando el error de su anterior película, los fans estarán agradecidos y lo disfrutarán más allá de la repetición del argumento, e incluso de algunas escenas que ya se han visto en la saga que comenzó en 1979 y continuó en 1986, 1992 y 1997.

Esto ya lo viví “Alien: Covenant” comienza en 2104, algunos años después de la tragedia de Prometheus, en la nave Covenant. Allí viajan científicos, técnicos y 2.000 colonos en hipersueño y 1.400 embriones congelados a bordo para formar una colonia en el remoto planeta Origae-6.

Sin embargo, cuando una falla grave despierta a la tripulación y uno de los técnicos debe salir a reparar los daños, recibe una extraña señal que parece ser de algún humano y proviene de un planeta inexplorado pero mucho más cercano que su destino predeterminado.

Al analizarlo, notan que tiene condiciones muy favorables para su colonización y deciden, sin permiso de una autoridad superior o consenso unánime, desviarse para investigarlo, creyendo haber encontrado algo mucho mejor. Si bien al arribar todo parece próspero, cuando dos de los exploradores se topen con la flora “venenosa” del planeta, rápidamente las cosas se teñirán de sangre y horror.

Para continuar con el tema ideológico, en el filme reaparece Michael Fassbender en el papel de David, un androide que aunque esta supeditado a la orden del humano, tendrá conflictos para respetarlos cuando se le presente una paradoja, tocando asuntos filosóficos como eternidad y poder, algo que finalmente le resta al filme por una estética de puro entretenimiento por el lado del género, a la que se le superpone la moralina típica del futuro y la búsqueda de respuestas a las grandes preguntas creacionistas.

Disfrutable cuando se hace fuerte en las escenas de terror, pero demasiado enigmática en su cuota filosófica, “Alien: Covenant” no agrega nada sustancial a la saga y funciona mejor como remake, para subsanar los daños de “Prometheus”, que como último vagón de la franquicia, aunque no faltará mucho para que se acoplen más episodios al tren de carga de los extraterrestres más horripilantes.