@perez_daro

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Los fantasmas nos rodean en diferentes formas. De alguna manera, son la representación de lo que quisiéramos, o lo que no, como mecanismo de atracción o repulsión de un deseo que no se puede medir. Llamados al más allá consecuentes de la idea de pérdida irreparable, o desde el otro lado, cuando el desarraigo se hace imposible.

De esta proyección nace "Personal shopper", de Olivier Assayas, y protagonizada por Kristen Stewart. La dupla repite fórmula ganadora tras la genial "Clouds of Sils María", aquí estrenada con el pésimo título de "El otro lado del éxito" que escapaba mucho a la esencia del introspectivo filme.

En esta oportunidad, el relato comienza con Maureen (Stewart), una asistente de compras muy buena en su trabajo, que tiene cualidades de médium y acaba de perder a su hermano mellizo. Se habían hecho la promesa de que el primero que muriera mandaría una señal al mundo de los vivos y Maureen espera impacientemente la llegada de ese gesto. En el medio, debe lidiar con la ausencia de su jefa, que le exige mucho por ser una celebridad, sin retribuirle más que con su paga. Su relación laboral irá tejiendo un espejo evidente entre la única conexión que tiene en París, en donde vive, y la que quiere tener con su hermano ya fallecido. Cuando comienza a recibir mensajes desconocidos en su celular, la vida de la asistente de compras se verá puesta al límite de la realidad.

Un producto atípico

Concebido como un drama fantástico, "Personal shopper" divaga entre esos dos géneros, pero en el medio se impondrá el suspenso, al generarse un ambiente entre lúgubre, solitario y asfixiante, en una de las ciudades más grandes del mundo. Como simbolismo o metáfora, el tema también la hace introspectiva y más cercana de lo que puede parecer en una mirada superficial.

Assayas sabe manejar a la perfección las expresiones de Stewart y la hace lucir en un largometraje por demás extravagante. Si bien Kristen es habitualmente calificada como una actriz de poco histrionismo, resulta interesante que, en la manera de plantear la estética del cineasta y la oscuridad consecuente, la intérprete es decisiva para que la trama avance armoniosamente. Habría que revisar, algunas generaciones atrás, a aquellos artistas hollywoodenses que actuaban, dicho comúnmente "de sí mismos", porque gracias a su impronta natural los papeles eran diseñados hacia ellos y la interpretación no iba al servicio de la producción, en cuanto a la importancia de la utilidad de dichos artistas para un rol específico.

Por su carácter único y la manera en que el director mantiene la inquietud hasta el final, seduciendo y desesperando al mismo tiempo con innumerables recursos estéticos y escénicos, el filme de Assayas es digno de admiración.